El juego de la hibridación.

Se me presentó una pregunta que llevo arrastrando hace semanas en mi cabeza: ¿por qué la publicidad intenta atraer y generar que la gente se meta en su mundo, su “experiencia” a expensas de miles y miles de dólares de gasto para lograrlo y los videojuegos no tienen que hacer el más mínimo esfuerzo para llegar a esto?

Hay una realidad que vale que sea aclarada y es que si un videojuego es malo o no conecta con el jugador, se abandona y no hay inmersión posible. También en este rubro fallan los productos.

Hace unos años que observo, por ejemplo, que las antologías de comics son solo eso, una compilación de historias individuales que forman parte del objeto libro. ¿Y eso qué tiene que ver? Pues bien, durante mucho tiempo discutimos por el tema de los comics, el mercado al que se dirigen (si es que este realmente existiera), la baja en las ventas y el poco interés de los posibles lectores absorbidos por la TV y los videojuegos entre otras formas de entretenimiento. En definitiva, lo que se ha perdido en todos estos años ha sido el trabajo sobre los géneros narrativos. No hay antologías de ciencia ficción o de terror, sino más bien una hibridación de géneros que, a veces, suele quitarle cierta personalidad al producto final.

El tema de lo híbrido no es algo tirado al aire porque sí. Hoy se mezcla la información, el entretenimiento, la publicidad y se forma un conglomerado que mezcla todo pero no genera un nuevo género, solo se produce esa bendita hibridación donde los límites entre género y género comienzan a ser cada vez menos visibles. Las empresas en sus fusiones, compras y adquisiciones forman parte de esta mezcla desde lado comercial.

En esta mezcla llegamos al advertainment, la combinación entre publicidad y entretenimiento entre lo que podremos encontrar narrativas audiovisuales, contenidos específicos para el entorno online y los advergames. Hay algo primordial para entender porqué se da esta situación: la publicidad no es entretenimiento es una herramienta de venta, y en una etapa donde el dedo en el mando remoto es cada vez más inestable y tan poco paciente, captar a la gente es un desafío que se fue volcando hacia esta hibridación donde el elemento publicitario es tomado como entretenimiento. Quizás, para algunos la publicidad ha dado un paso atrás pero también hay que entender que la audiencia ha cambiado, que sus dispositivos para estar conectados se han multiplicado así como las formas de conectarse (apps), y en un tiempo donde la reina de todas las cualidades es la inmediatez, no quiero publicidad, quiero entretenerme, todos queremos contenidos.

Contrariamente a lo que muchas pensarán, los advergames no son hijos de internet. Entre los primeros ejemplos de advergames podemos rescatar Datsun 280 Zzzap (Lanzando en 1976 para Datsun 280 Z); Tooth Protectors (1982,  Johnson & Johnson); Kool Aid Man (1983, Kool-Aid), entre otros. El sistema de distribución era a través de diskettes y vía técnicas de marketing directo

 

tooth_protectorsTooth Protectors

  

kool-aid_man Kool Aid Man

 

Ya ven que la tecnología nos parece arcaica pero era una nueva manera de probar llegar a la audiencia. Quizás el secreto no sea tal, ya el spot no alcanza, así como tampoco minar las páginas de los medios gráficos (cada vez con menos lectores). Tenemos como desafío generar algo que nombré unos párrafos atrás: contenidos que sean relevantes al tipo de audiencia con la que pretendemos entablar una relación. Yo siento que en nuestro país aún estamos en pañales respecto a este tema y lo veo relacionado a una industria del entretenimiento que no es tal y a cuestiones tecnológicas y de formación. ¿Quién forma hoy generadores de contenidos? ¿Quién forma nuevos diseñadores de juegos? ¿La UTN? Hoy la comunicación tiene una parte de tecnología, código, etc. y una parte humanística, inherente a la comunicación social. Entonces, no es solo formar sino construir puentes entre la tecnología y la comunicación para que haya un desarrollo fluido de dichos contenidos, pensados en conjunto.

Sobre la pregunta del principio… el videojuego, por más estudios (que ya son marcas) y megacorporaciones (Warner, Sony) que estén detrás de su desarrollo y concepción, produce un vínculo, muchas veces muy fuerte, con el juego mismo, su/s personaje/s y el mundo en el cual se desarrolla. Nosotros nos metemos a vivir esa experiencia que solo se da cuando el jugador comienza el juego y mete todos sus anhelos, furia, decepciones en los zapatos de un personaje ficticio que, ciertamente, somos nosotros mismos inmersos en su historia. El juego no me pide nada más que esto, sumergirnos y disfrutar; si el juego, sea por su historia o propuesta no lo logra, simplemente cambiaremos de disco y a probar otra cosa. Cuando se dan los casos de juegos exitosos, no tardan en convertirse en sagas o tener secuelas que ahondan en la historia de la primera edición, redoblando la apuesta a expensas de que la misma falle (God of War, Gears of War, Halo, Crysis).

¿Y con la publicidad qué? Creo que en este caso es aún más simple. Las marcas se matan por querer obtener la gracia de su audiencia (¿saben realmente quién es la audiencia?), mantener la bendita conversación y mantenerlos ocupados, entretenidos con contenidos relevantes. Las marcas también nos invitan a vivir su propuesta de experiencia, muchas veces muy bien logradas y con producciones (e ideas) excelentes, pero el trasfondo, lo que hay detrás del telón, querramos verlo o no, es la venta, la asimilación de una marca como primera elección al momento de necesitar un determinado producto. Son ambos mecanismos válidos, solo que los videojuegos, según mi punto de vista, logran que la afinidad entre producto y audiencia se dé de manera casi natural.

 

PD: Gracias Francisco Cascallares (@franzcasca) por ayudarme a poner en orden las ideas.

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Un balde en la cabeza.

Hoy, como ha pasado en ocasiones anteriores, una persona posteó un link de una nota en Facebook. Entre lo habitual de la práctica y la poca importancia que suelo darle a estos artículos, debo decir que hoy tuve la actitud atípica de hacer clic en la nota. La misma tenía como título Fans de Lady Gaga: la vergüenza nacional publicada en el portal diarioveloz.com y firmada por Sabrina Valle.

Yo quisiera que, antes de seguir, leas la nota y sin importar la edad que tengas, recuerdes de tus peleas con tus viejos, la hipocresía de la gente cuando te miraban cruzado por las tachas, el pelo pintado, las medias red rotas o un simple escote más que generoso. Estoy muy lejos de cualquier grupito de niños lindos que cantan al estilo One Direction o de la parafernalia que despliegan Lady Gaga o Madonna. Hace años que mis sueños los arrullan Iced Earth o Blind Guardian. Así que claro está, no iría a ver a Lady Gaga ni que me regalen el Meet & Greet.

El tono de la nota de este medio me pareció absurda. Lo leí varias veces y realmente me di cuenta que me cayó mal: “¿Acaso esos chicos no van a la escuela? ¿No estudian? ¿No tienen padres? Pareciera que todos ellos vivieran con el enemigo y nadie es capaz de decirles lo avergonzante que es el triste espectáculo que dan.”

DYN15, BUENOS AIRES, 16/11/2012, FANS DE LA CANTANTE LADY GAGA, HACEN COLA EN LAS INMEDIACIONES DEL CLUB RIVER PLATE, PARA PRESENCIAR EL RECITAL ESTA NOCHE. FOTO:DYN/PABLO MOLINA.

 

¿En serio le surgieron estas preguntas a la chica esta? Ya no se trata de no tener infancia, se trata de sentido común, de entender que son fans y que muchas veces encuentran en el círculo de sus amigos (muchas veces un círculo de confianza), el coraje necesario para poder expresarse, y en definitiva, ser ellos mismos. ¿Y si mañana mi hijo me dice que no solo el disfraz es una pose sino que su orientación sexual no es la que se esperaría de él? ¿Lo mando a “reformar”?

Muchos de estos grupos actúan como grupos de contención y aceptación de muchos chicos que no encuentran en los lugares habituales cómo canalizar sus gustos, deseos o poder lograr una comunicación entre pares tal como podría encararla yo de acuerdo a mis cánones de “normalidad”. Pasé muchos años rodeado de mis queridos “frikis” de los comics, manga y animé, sus disfraces y locuras a medio vestir en el frío húmedo de Buenos Aires. Soy guionistas de comics pero mucho antes de tener este título fui un fan y aún hoy lo sigo siendo, ya no ando con mis slips de Superman o  un antifaz pero sigo usando las remeras con mis bandas preferidas o algún superhéroe de turno (y por qué no, algún pin en el morral de turno). Cómo es esto? Big Bang Theory son lo más y estos chicos son todos retrasados?

Los fanáticos del Cosplay son gente. Sí, en serio. Suelen disfrazarse de sus personajes favoritos con trajes hechos en casa, a mano, incluso con ayuda de sus propios amigos, y los que más, los conseguirán en lugares especializados. Pueden pegarse una vuelta por el trabajo de Cao Fei, Cosplayers a modo de referencia de lo que significa en oriente esta actividad. Es una forma colectiva de pertenencia y de rendir culto a sus series y mangas, su mundo y todo lo que ello representa.

En algún momento de mi vida, entre convenciones de comics y demás rejuntes del rubro, me costaba mucho entender a los cosplayers. Ellos rompián con cualquier preconcepto estético con el que yo venía… ahhh! y esa delgada línea del ridículo, que una vez cruzada, no tenía retorno. Sin embargo, yo he hecho el ridículo en fiestas y congas varias sin necesidad de que mi pelo se pareciera un poco al de Goku. En todo caso, los cosplayers eran más valientes que yo dado que no se escudaban en las bondades de ciertas bebidas y así cargarles la culpa de una velada bochornosa.

Hace un tiempo (y esto ya lo debo haber escrito varias veces) me abrió los ojos una frase en uno de los libros de Henry Jenkins que hablaba de que los fans son esa parte del presupuesto de marketing por el cual no te tenés que pagar. La verdad es que no es solo eso, se trata de mostrarle al mundo que pertenecés a algún lugar y que muchos te acompañan. Tal vez sea una reacción adolescente, pero el rock también lo fue y ni hablar de Woodstock.

No acepto las formas de la nota ni las barbaridades dichas sin siquiera saber de qué se está hablando, tampoco tolero los insultos y los deseos de un mal mil veces peor para la periodista. A veces me cuesta creer que llevemos 30 años en democracia. Así que bueno, rebeldías mediante, cultura, subculturas y contraculturas; un proceso que cambia con el tiempo, así como sus actores, pero que parece repetirse como si se tratara de una simple y repetida fórmula de la felicidad. Don’t worry, be happy!

Tapalo con diario.

No hace mucho tuve que escribir sobre el periodismo y las nuevas tecnologías en menos de 3000 caracteres y si ganaba, me hacía acreedor de una beca para un posgrado. Lo positivo de no haberlo logrado reside en que no tengo que guardarme el supuesto ensayo en aquellos lugares donde la luz no se conoce. El blog, en cierta forma, terminó siendo mi tacho de basura digital, solo que en vez de que todo desaparezca en un cúmulo de residuos, se “corporiza” en caracteres a través de la pantalla. Bueno, la cosa es así y, para bien o para mal, lo que sigue es lo que intenté expresar.

El periodismo no está exento de lo que le sucede al sector privado en general: incapacidad de poder comunicarse con su público objetivo y un cambio aún mayor, y resistido, como es el cambio de modelo de negocio.

Las discográficas y las productoras de películas han sido las más golpeadas en los últimos años a raíz del sharing de archivos de manera privada o la piratería que no es tan familiar y que permite el acceso a mayor cantidad de material por costos muy inferiores al original. La digitalización del consumo ha cambiado las reglas del juego y no atañe soloa  los sectores antes mencionados, siendo el periodismo parte de este proceso de cambio. Diversidad de dispositivos, nuevos horarios y momentos para adquirir estos contenidos, están obligando a los medios a diversificar el mensaje y optimizarlo en función de la pantalla donde este sea visualizado.  Para ello es necesario reformular la redacción tal como estaba diseñada para formar profesionales capaces de ser curadores de contenidos dentro de un entorno digital.

El periódico en papel ha perdido territorio aunque esto no signifique que está muerto pero sí debe entenderse que solo ya no mantiene una estructura sostenida por años. Empresas y medios ya no pelean por vender más como objetivo primordial, la lucha está planteada en otros planos, quizás más cercanos a lo emocional y al vínculo fuerte sustentado en la confianza que genera el medio o empresa en la gente.

Es importante entender que se han democratizado las herramientas de producción y que cualquier individuo puede expresarse en su canal elegido en la web para hacerse escuchar.  Y lo que empezó con los weblogs termina hoy desencadenando el descontrol de las redes sociales y la necesidad de hacernos con ese gran grupo de personas descontentas, poco confiadas y muy instruidas en todo lo concerniente al mundo digital, su códigos y formas.

Hemos dado por cerrada al época del consumidor y entramos en el campo de su evolución como tal. Hoy los medios poseen colaboradores, individuos que no pertenecen al stablishment pero que logran hacer valer su opinión. Esa soledad quijotesca hoy tiene sentido y resultados increíbles. Gente que confía en otra gente y ya no en la figura paternal del medio en cuestión, información más confiable y de primera mano además lo que pareciera una blasfemia absoluta: es gratuita.

La participación de la gente a través de las redes ha cambiado mucho el panorama y ha dado por tierra con el viejo paradigma de la unidireccionalidad comunicacional.

#StopSOPA

Libros electrónicos: ni libros, ni electrónicos (by @doctorow)

Mientras estoy cada día más convencido de que este blog tiene más un costado antroplógico que publicitario, quería compartir con ustedes una charla que dio Cory Doctorow hace unos años. Se explica sola y creo que no hace falta que yo le haga el prólogo a lo que van a leer a continuación.

Espero que 2011 me traiga a aquellas personas a las que hace mucho quiero entrevistar, a saber: el mismísimo Cory Doctorow, Henry Jenkis, Alan Moore, Neil Gaiman y Gary Groth, editor de Fantagraphics. Sin links, a secas, búsquenlos, se van a sorprender de las cosas que hicieron, hacen, lo que escriben y opinan. Este es mi deseo para este año (aunque siempre intercalo alguno extra). Pero antes de seguir con promesas y demagogia blogger, disfruten de lo sigue a continuación.

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Cory Doctorow
 doctorow@craphound.com
Traducción de Javier Candeira
hiperactivo.com
Artículo para la Conferencia O’Reilly sobre Tecnologías Emergentes (O’Reilly Emerging Technologies Conference) 12 de febrero del 2004 – San Diego, California, EEUU
This text is dedicated to the Public Domain.

Preámbulo
Esta conferencia se pronunció originalmente en la O’Reilly Emerging Technologies Conference (Conferencia O’Reilly sobre Tecnologías Emergentes), junto con unas proyecciones que, por razones de copyright (¡qué irónico!) no se pueden publicar a la vez que este documento. Sin embargo se encuentran, entreveradas en el texto, anotaciones que describen los lugares donde se cargaba cada nueva diapositiva, entre [corchetes] [*].
[Nota del traductor: originalmente este texto estaba puesto en lo que la legislación norteamericana llama “public domain”, que es donde van a parar los textos cuyo copyright ha caducado. El significado de “dominio público” según la legislación española, que sigue la tradición europea del Derecho de Autor, es distinto del del “public domain” [1], así que este texto queda liberado al “Public Domain” según la legislación de los Estados Unidos de América. Por esta razón el siguiente texto, que tiene valor legal, está en inglés. Por el mismo motivo su primera publicación se hace en un servidor en territorio USA.]

[Lo siguiente es una traducción al español de la anterior dedicatoria de copyright, con un intento de transposición a la legislación española de derechos de autor, hecha por el presente traductor, que no es abogado aunque tenga el derecho de conocer las leyes y el deber de cumplirlas. Con esta versión se intenta tanto transmitir la intención del autor inicial, como tener un documento de trabajo para una futura licencia de “dominio público” para España/en español. Queden los lectores advertidos de que no tiene más valor legal que el que tiene una declaración pública de intenciones:

Dedicatoria de Copyright (Basada en la interpretación de un lego de la legislación española de derechos de autor)
La persona o personas que han asociado su trabajo con este documento (el “Dedicante” dedican por la presente todos los derechos alienables reconocidos por la legislación de derechos de autor (incluyendo la difusión y la explotación comercial, pero sin exclusión de otros) de la obra de autoría identificada a continuación (“la Obra”) al dominio público. El Dedicante hace esta dedicatoria para el beneficio del interés general y en detrimento de los herederos y sucesores del Dedicante. El Dedicante pretende que esta dedicatoria sea un acto explícito de renuncia a sus derechos alienables presentes y futuros sobre la Obra según las leyes de derechos de autor, sin perjuicio del derecho inalienable de autoría, y con la autorización expresa de realización de obras derivadas siempre que las modificaciones o adiciones no se atribuyan al Dedicante en respeto de su derecho de atribución de autoría. El Dedicante entiende que tal renuncia a todos los derechos incluye el abandono de todos los derechos de hacer cumplir (ante los tribunales o por otros medios) los copyrights de la Obra. El Dedicante reconoce que, una vez en el dominio público, la Obra puede ser libremente reproducida, distribuída, transmitida, usada, modificada, transformada, o explotada de otros modos por parte de cualquiera y con cualquier fin, comercial o no comercial, incluso por métodos que aún no se hayan inventado o concebido.]

Libros electrónicos: ni libros, ni electrónicos

Para empezar, permítanme resumir las lecciones e intuiciones que he obtenido acerca de los libros electrónicos a partir de haber publicado dos novelas y la mayor parte de una colección de relatos bajo una licencia Creative Commons. Una parodia que publicaba la lista de títulos alternativos para las sesiones de este evento llamó a esta charla “Por ahora, los libros electrónicos son un asco” [Por ahora, los libros electrónicos son un asco], y a pesar de que es divertido, no creo que sea cierto.

No, si hubiera tenido que buscar otro título para esta conferencia, la habría llamado: “Libros electrónicos: estás sumergido en ellos”. [Libros electrónicos: estás sumergido en ellos]. Esto es porque creo que la forma de los libros electrónicos del futuro es casi visible en la forma en que la gente interactúa con el texto a día de hoy, y que el trabajo de los autores que quieren hacerse ricos y famosos es llegar a una mejor comprensión de esa forma.
No he llegado a una comprensión perfecta. No sé qué aspecto tiene el futuro del libro. Pero tengo ideas, y las voy a compartir con vosotros:

1. Los libros electrónicos no son márketing. [Los libros electrónicos no son márketing] Está bien, los libros electrónicos son márketing; esto es, regalar libros electrónicos vende más libros de papel. En Baen Books, que edita un montón de colecciones, se han dado cuenta de que regalar ediciones electrónicas de las anteriores entregas de sus series simultáneamente con el lanzamiento de un nuevo volumen hace que el nuevo libro se venda mucho mejor —y el catálogo también. Y el número de personas que me escribieron para decirme cuánto les gustó el libro electrónico y por eso habían comprado el de papel es mucho más alto que el de personas que me escribieron diciendo: “Ja, ja, hippie, me he leído tu libro gratis y ahora no lo voy a comprar”. Pero los libros electrónicos no deberían ser tan sólo márketing: los libros electrónicos son una meta en sí mismos. En el análisis final, más gente leerá más palabras de más pantallas y menos palabras de menos páginas, y cuando las dos líneas se crucen, los libros electrónicos tendrán que ser el modo en que los escritores se ganen la vida, no el modo en que promocionen las ediciones en caspa de árboles [2].

2. Los libros electrónicos complementan a los libros de papel. [Los libros electrónicos complementan a los libros de papel]. Es bueno tener un libro electrónico. Es bueno tener un libro de papel. Es mejor tener los dos. Un lector me escribió para decirme que había leído la mitad de mi primera novela en el libro encuadernado, y había impreso la otra mitad en papel en sucio para leerlo en la playa. Algunos estudiantes me escriben para decirme que es mejor hacer sus trabajos de clase si pueden copiar y pegar sus citas en el procesador de texto. Los lectores de Baen usan las ediciones electrónicas de sus series favoritas para elaborar concordancias de personajes, lugares y acontecimientos.

3. Si no p0sees el libro electrónico, no p0sees el libro [Si no p0sees el libro electrónico, no p0sees el libro] [3]. Soy de la opinión de que el libro es una “práctica” (una colección de actividades sociales, artísticas y económicas) y no un “objeto”. Contemplar el libro como una “práctica” en lugar de un objeto es un concepto bastante radical, y plantea la pregunta: ¿Pero qué demonios es un libro? Buena pregunta. Escribo todos mis libros en un editor de texto (BBEdit, de Barebones Software —el mejor editor de texto que podría desear). Desde allí puedo convertirlos en archivo PDF formateado a dos columnas . Puedo convertirlos en archivos. Puedo dejarlos en manos de mi editor, quien puede convertirlos en galeradas, copias para críticos, ediciones en tapa dura y en rústica. Puedo dejarlos en manos de mis lectores, quienes pueden convertirlos en una panoplia insospechada de formatos.

El Libromóvil de Internet (Internet Bookmobile) de Brewster Kahle puede convertir un libro digital en un libro de papel a cuatro colores, cortado a sangre, encuadernado, con cubierta laminada y lomo impreso en diez minutos, mas o menos por un dólar. ¡Intenta convertir un libro de papel en PDF, o en html, o en un documento de texto, o en un Rocket Book, o imprimirlo por un dólar, todo en diez minutos! Es irónico, porque una de las razones más frecuentemente citadas para preferir los libros de papel a los electrónicos es que el papel confiere una sensación de posesión de un objeto físico. Antes de que se pose el polvo en torno a este asunto de los libros electrónicos, tener un libro de papel dará una sensación de posesión menor que tener una edición digital abierta del texto.

4. Los libros electrónicos son mejor negocio para los autores. [Los libros electrónicos son mejor negocio para los autores]. La compensación que reciben los autores es bastante mísera. Amazing Stories, la revista de ciencia ficción de Hugo Gernsback, pagaba un par de centavos de dólar por palabra. Hoy, las revistas de ciencia ficción pagan… un par de centavos por palabra. Las sumas en cuestión son tan minúsculas, que no llegan a ser insultantes: son pintorescas e históricas, como el cartel de WHISKY 5 CENTAVOS que hay tras la barra del bar en un parque temático de la era de los pioneros. Algunos escritores viven a lo grande, pero no son más que errores de redondeo comparados con la población total de escritores de ciencia ficción que se ganan la vida, al menos parcialmente, en el mismo negocio. Casi todos nosotros podríamos estar ganando más dinero en otro sitio (aunque podemos soñar con ganar un montón de dinero de magnitudes stephenkingianas y, por supuesto, nadie jugaría a la lotería si no hubiera ganadores). El incentivo primario para la escritura tiene que ser la satisfacción artística, el masaje del ego, y un deseo de posteridad. Los libros electrónicos lo ofrecen. Los libros electrónicos entran a formar parte del corpus del conocimiento humano porque los motores de búsqueda los indexan y reproducen a centenas, miles o millones. Si Google puede encontrarlos, sus usuarios también.

Aún mejor: los libros electrónicos nivelan el terreno de juego entre los autores y los trolls [4]. Cuando despegó amazon.com, a muchos escritores se les puso el alma en vilo ante la idea de que patanes con hachas afiladas estaban llenando los tablones de mensajes de Amazon con ataques malintencionados a su obra; si una recomendación es la mejor manera de vender un libro, seguro que una condena personal es la mejor manera de no vender un libro. Hoy, los trolls siguen con nosotros, pero ahora los lectores pueden decidir por si mísmos. Aquí está un trozo de un comentario sobre Down and Out in the Magic Kingdom, puesto recientemente en Amazon por “un lector de Redwood City, California”:

Realmente no estoy seguro de qué tipo de drogas están fumando los críticos, o cómo los sobornan. Pero diga lo que diga la Entertainment Weekly, lo que diga este periódico o aquella revista, no te deberías gastar el dinero. Descárgalo gratis del sitio web de Corey [sic], lee la primera página, y gira la cabeza asqueado —este libro es para la gente que piensa que El Código Da Vinci de Dan Brown está bien escrito.
En los viejos tiempos, este tipo de cosas me habría cabreado solemnemente. ¡Patanes neandertaloides y malintencionados, difamando mi buen nombre! ¡Caracoles! Pero examinad más de cerca el pasaje infame:
Descárgalo gratis del sitio web de Corey, lee la primera página.

¿Lo veis? ¡Demonios, este tío está trabajando para mí!. ¡Alguien acusa a un escritor al que estoy considerando leer de pagar a Entertainment Weekly para que diga cosas amables de su novela, “un escritor sorprendentemente malo”, nada menos, cuya prosa es “estirada, digna de un aficionado, y poco inspirada”! Quiero leer a ese escritor. Y puedo hacerlo. Con un clic. Y después decido por mí mismo.

En el mundo del arte no se llega muy lejos sin una saludable dosis de ego e inseguridad a partes iguales, y lo malo de poder buscar en Google todo lo que la gente dice de tu libro es que puede manipular directamente la parte de inseguridad — “¡Toda esa gente se meterá en la cabeza que no hay que fijarse en mi libro porque habrán leído las malas críticas en la interweb!”. Pero el otro lado de la moneda es el ego: “Si le dan una oportunidad, se darán cuenta de lo bueno que es”. Y cuanto más sangrante sea la crítica, más probable es que le echen un vistazo. Toda prensa es buena prensa, siempre que escriban bien tu URL (¡incluso si escriben mal tu nombre!).

5. Los libros electrónicos necesitan asumir su naturaleza. [Los libros electrónicos necesitan asumir su naturaleza] El valor distintivo de los libros electrónicos es ortogonal al valor de los libros en papel, y gira alrededor de la mezclabilidad y envíabilidad del texto electrónico. Cuanto más se constriñan las proposiciones de valor distintivas de los libros electrónicos, cuanto más se restrinja la habilidad del lector de copiar, transportar o transformar un libro electrónico, más hay que evaluarlo en los mismos ejes que un libro de papel. Los libros electrónicos fracasan en esos ejes. Los libros electrónicos no ganan a los libros de papel en cuanto a tipografía sofisticada, no están a su altura en cuanto a la calidad del papel o al olor de la cola. Pero intenta mandarle un libro de papel a un amigo que vive en Brasil, gratis, en menos de un segundo. O cargar mil libros de papel en un dedal de memoria flash que llevas enganchado al llavero. O buscar en un libro de papel cada aparición del nombre de un personaje para encontrar un párrafo querido. Demonios, intenta copiar un párrafo lúcido y conciso de un libro de papel para ponerlo en tu firma de correo.

6. Los libros electrónicos exigen un lapso de atención diferente (pero no menor) [LOS LIBROS ELECTRÓNICOS EXIGEN UN LAPSO DE ATENCIÓN DIFERENTE (PERO NO MENOR)] Los artistas siempre se ven decepcionados por la capacidad de atención de su público. Si nos remontamos lo bastante atrás encontraremos escritos cuneiformes lamentando el loco estilo de vida de los sumerios del momento, con su insistencia en los mitos con argumentos, personajes y acción, no lo que teníamos antiguamente. Como artistas, sería mucho más fácil si nuestro público fuera más tolerante con nuestra tendencia a aburrirlos. Podríamos explorar muchas más ideas sin preocuparnos de rebozarlas, para hacerlas más tragables, con las capas de chocolate del entretenimiento. Nos gusta pensar que las capacidades de atención acortadas son un producto de la era de la información, pero atención a esto:

Desde luego, para practicar de este modo la lectura
como arte se necesita ante todo una cosa que es precisamente
hoy en día la más olvidada (versión de Andrés Sánchez Pascual, Alianza, Madrid, 1997)
En otras palabras, si mi libro es demasiado aburrido, es porque no estás prestando la debida atención. Los escritores dicen esto todo el rato, pero esta cita no es de este siglo ni del pasado. Es del prólogo a la Genealogía de la moral, de Nietzsche, publicada en 1887.

Sí, hoy en día nuestros lapsos de atención son distintos, pero no necesariamente más cortos. Los seguidores de Warren Ellis consiguieron mantener la línea argumental de Transmetropolitan en sus mentes durante cinco años mientras la historia goteaba en entregas de cómics mensuales. Las entregas de la serie de Harry Potter de J.K. Rowling engordan más y más con cada nuevo volumen. Bosques enteros caen bajo el hacha de series de ficción tan longevas como los libros de Wheel ot Time de Robert Jordan, cada uno de los cuales dura aproximadamente 20.000 páginas (puedo haberme equivocado un orden de magnitud para arriba o para abajo). Está claro que hoy en día los debates presidenciales transcurren en cortes de audio de 30 segundos y no en los festivales de oratoria de días de duración de los debates Lincoln-Douglas, pero la gente se las arregla para prestar atención a las campañas presidenciales de 24 meses de principio a fin.

7. Necesitamos todos los libros electrónicos. La mayor parte de las palabras escritas en la historia se han perdido. Ninguna biblioteca recoge todos los libros escritos que aún perduran, y ningún individuo podría arañar la superficie del corpus completo de escritos. Ninguno de nosotros podrá leer más que una mínima esquirla de literatura humana. Pero eso no quiere decir que quedándonos sólo con los textos más populares podamos tener una revolución de la literatura electrónica como Dios manda.
Para empezar, todos somos casos marginales. Claro está que todos tenemos el deseo común de disfrutar del núcleo del canon literario, pero cada uno de nosotros quiere completar esa colección con textos diferentes, que son tan distintivos e individualistas como huellas dactilares. Si parece que todos estamos haciendo lo mismo cuando leemos, escuchamos música, o pasamos el tiempo en un canal de chat, es porque no nos hemos fijado bien. La comun-idad de nuestra experiencia está presente sólo en una escala de medida muy grande: una vez metidos en una observación de grano más fino, en nuestra experiencia compartida hay tantas diferencias como similitudes.

Sin embargo, yendo más allá, hay una gran diferencia entre una gran colección de textos electrónicos y una pequeña: es la diferencia que hay entre un libro solitario, un estante lleno de libros y una biblioteca completa. La escala cambia las cosas. Pensad en la Web: nadie de nosotros puede soñar con leer ni una mínima fracción del total de páginas de la Web, pero analizando las estructuras de enlaces que unen todas esas páginas, Google es capaz de extraer conclusiones automatizadas sobre la relevancia relativa de distintas páginas frente a distintos argumentos de búsqueda. Ninguno de nosotros se tragará jamás el corpus completo, pero Google puede digerirlo para nosotros y excretar las pepitas humeantes de valor que lo convierten en ese milagro entre los buscadores que es a día de hoy.

8. Los libros electrónicos son como los libros de papel. Para rematar esta charla, me gustaría repasar las formas en que los libros electrónicos son más parecidos a los libros de lo que uno se espera. Una de las verdades recibidas de la teoría de la venta al por menor es que los compradores necesitan entrar en contacto con un producto unas cuantas veces antes de comprarlo — se oye por ahí que el número mágico es siete veces. Eso quiere decir que mis lectores tienen que oír el título, ver la portada, coger el libro, leer una crítica, y así hasta siete veces, de media, antes de estar listos para comprar.

Existe la tentación de considerar la descarga de un libro como comparable a traerlo de la librería, pero se trata de una metáfora equivocada. Muchas veces, quizá casi siempre, descargar el texto del libro es como sacarlo del estante en la tienda y mirar la portada, y leer el texto de la contraportada (con la ventaja de no tener que entrar en contacto con el ADN residual y el burger king dejado por todos los demás que echaron un vistazo al libro antes que tú). Algunos escritores están horrorizados ante la idea de que, de mi primera novela, se han descargado trescientas mil copias, y por ahora “sólo” se han vendido unas diez mil. Si se diera el caso de que por cada copia vendida, treinta desaparecieran de la tienda, sería un resultado aterrador, claro que sí. Pero míralo de otro modo: si de cada treinta personas que miraron la portada de mi libro una lo comprara, yo sería un autor más que feliz. Y lo soy. Esas descargas no me cuestan más que una mirada a la portada en la librería, y las ventas son saludables.
También nos gusta pensar en los libros físicos como algo inherentemente contable de un modo en que los libros digitales no lo son (¡una ironía, porque los computadores son extremadamente buenos contando cosas!). Esto es importante, porque los escritores cobran sobre la base del número de copias vendidas de sus libros, así que llevar bien la cuenta marca la diferencia. Y de hecho mis estados de derechos contienen números precisos para el número de ejemplares impresos, enviados, devueltos y vendidos.

Pero es una precisión falsa. Cuando el impresor hace una tirada de un libro, siempre tira unos cuantos de más al principio y al final de la tirada para asegurarse de que todo está bien y para cubrirse por las posibles roturas, enganchones y deslices. El número total real de libros impresos es aproximadamente el número de libros encargado, pero nunca exactamente; los que hayan encargado 500 invitaciones de boda, probablemente hayan recibido 500 y pico, y ésta es la razón.

Y a partir de ahí los números se hacen aún más difusos. Hay ejemplares robados. Otros ejemplares caen al suelo y estropean. La gente que hace los envíos se equivoca en las cuentas. Algunos ejemplares acaban en una caja equivocada y van a una librería que no las encargó ni recibe factura por ellas, y terminan en la mesa de saldos o en la basura. Algunos ejemplares se devuelven por defectuosos. Otros se devuelven porque no se venden. Otros vuelven a la tienda al día siguiente acompañados de una ráfaga de remordimientos de comprador. Otras van al sitio donde acaba el calcetín desparejado de la lavadora.

Los números de un estado de derechos (el documento que informa a un autor de cómo van sus cuentas con la editorial) son actuariales, no reales. Representan una especie de estimación aproximada de los ejemplares enviados, vendidos, devueltos, etc. La contabilidad actuarial funciona muy bien: lo bastante bien para soportar las gigantescas industrias de la banca, los seguros y el juego. Es lo bastante buena para dividir los derechos que pagan las sociedades de gestión audiovisual por difusión radiofónica y actuaciones en directo. Y es lo bastante buena para contar cuántas copias de un libro se distribuyen en el ámbito electrónico y en el mundo físico.
Por supuesto que las cuentas de libros de papel tienen un tipo de precisión diferente de las cuentas de libros electrónicos: pero ni unos ni otros son inherentemente “más contables”.

Y finalmente, por supuesto, está el asunto de la venta de libros. Sea como sea que los autores se ganan la vida con sus palabras, impresas o codificadas, su labor primera y más difícil es encontrar un público. Hay más competidores por nuestra atención de los que podemos reconciliar, priorizar o entender. Poner el libro bajo las narices de la persona adecuada, con el argumento de venta adecuado, es la tarea más difícil e importante a la que se enfrenta un escritor.

Los libros me importan. Mucho. Empecé a trabajar en bibliotecas y librerías a la edad de 12 años y me mantuve haciéndolo durante una década, hasta que me encandilaron los cantos de sirena del mundo de la tecnología. Cuando tenía 12 años supe que quería ser escritor y ahora, 20 años más tarde, tengo publicadas tres novelas, una colección de relatos y un libro de no-ficción, dos novelas más bajo contrato, y otro libro en ciernes. [PORTADAS]

He ganado un premio señalado en mi campo, la ciencia ficción y estoy nominado para otro, el Premio Nebula a la mejor novela corta.
Tengo un montón de libros. Sin problema, más de 10.000, almacenados en ambas costas del continente de América del Norte. Tengo que tenerlos, porque son las herramientas de mi oficio: las obras de referencia que manejo como novelista y escritor. La mayor parte de la literatura que me gusta es de vida muy corta, desaparece de los estantes en un par de meses, normalmente para siempre. La ciencia ficción es inherentemente efímera [5].

Ahora bien, tanto como me gustan los libros, me encantan los ordenadores. Los ordenadores son fundamentalmente diferentes de los libros modernos, del mismo modo en que los libros impresos son diferentes de las biblias monásticas: son maleables. En aquel tiempo, un “libro” era algo producido durante muchos meses de trabajo por un copista, normalmente un monje, sobre un sustrato duradero y sexy como la piel de feto ovino.
La fotocopiadora de Gutenberg cambió todo aquello, transformó el libro en algo que podía hacerse con una imprenta en unos minutos, sobre un sustrato más apropiado para limpiarse el trasero que para su exaltación en un lugar de honor de la catedral. La imprenta de Gutenberg significó que en vez de tener uno o dos libros, un miembro de la clase dominante podía amasar una biblioteca, y que en lugar de escoger uno o dos temas para inmortalizarlos en blanco y negro podían tratarse en papel y pasar de mano en mano una gran variedad de temas.

La mayor parte de las ideas nuevas comienzan con muy pocas certezas y mucha especulación. He estado rebuscando a ver si encontraba certezas, y especulando mucho, y el propósito de esta charla es mostrar ambas categorías de ideas. Todo esto comienza con mi primera novela, Down and Out in the Magic Kingdom, que salió el 9 de enero de 2003. En aquel momento había una gran discusión en mis círculos profesionales sobre, por un lado, el lamentable fracaso de los libros electrónicos, y por otro lado, la nueva y asustante práctica de la “piratería” de libros electrónicos.

Era sorprendentemente raro que nadie pareciera darse cuenta que el concepto del “fracaso” de los libros electrónicos chocaba frontalmente con la idea de que la “piratería” de libros electrónicos era algo merecedor de preocupación: digo yo, si los libros electrónicos son un fracaso, ¿a quién le importa un bledo que los colgados de la interweb se los intercambien en Usenet?

Una breve disgresión sobre el doble significado de “libros electrónicos”. Un significado de la palabra se reserva para empresas “legítimas”, esto es, ediciones de los textos de libros autorizadas por el derechohabiente, publicadas en un formato privativo, de uso restringido, en ocasiones para su lectura en un PC multiuso y en ocasiones para leerse en un dispositivo especializado como el Rocketbook de nuvoMedia.

El otro significado de libro electrónico es una edición “pirata” o edición electrónica no autorizada, normalmente hecha cortando la encuadernación de un libro y escaneándolo página por página, y pasando los mapas de bits resultantes por una aplicación de reconocimiento de caracteres (OCR) para convertirlo en texto ASCII, y luego corregirlo a mano. A muchos de mis colegas les preocupa que estos libros también tengan errores deliberados, creados por copistas juguetones que eliminan, añaden o modifican fragmentos del texto para “mejorar” la obra. Francamente, no he visto ninguna prueba de que los copia-libros en cuestión tengan el menor interés en hacerlo, y hasta que la tenga creo que es lo último por lo que nadie debería preocuparse.

Volvamos a Down and Out in the Magic Kingdom. Mejor, todavía no. Quiero haceros llegar la profundidad del pánico que hay en mi entorno por la piratería de libros electrónicos, o “bookwarez” como se la conoce en los círculos de copistas. Había autores que se unían al debate en alt.binaries.ebooks usando nombres falsos, aduciendo el miedo a las represalias por parte de temibles hackers adolescentes que supuestamente podrían cargarse sus informes bancarios en respuesta a ser tachados de ladrones. Mi editor, que es un hacker, editor de weblog y el-tío-que-lleva-la-mayor-colección-de-ciencia-ficción-del-mundo, y se llama Patrick Nielsen Hayden, escribió en uno de los hilos del grupo de noticias, diciendo en parte:

La piratería de textos electrónicos bajo copyright en Usenet y en otros sitios va a ser más y más frecuente, por las mismas razones por las que la gente corriente se hace cassettes de audio de sus discos de vinilo o sus CDs de audio, y copias en videocassete de sus cintas compradas en la tienda. En parte es tacañería; en parte es enfado por los precios de venta; en parte es el deseo de Compartir Cosas que Molan [6] (una motivación normalmente infravalorada por las víctimas de este tipo de piratería manual a baja escala). Ponerse en Alerta Máxima instantáneamente y declarar que es moralmente equivalente a asaltar ancianitas por la calle dificultará avanzar desde esa posición cuando ya no funcione. En los años 1970, la industria discográfica aullaba que “las copias caseras están matando a la música”. Resulta difícil para la gente corriente evitar darse cuenta de que la música no ha muerto. Pero la credibilidad de la industria del disco no es que creciera con ello.

Patrick y yo tenemos una larga relación, que comenzó cuando yo tenía 18 años y me ayudó con una beca para ir a un taller de escritores, siguiendo con un almuerzo decisivo en Nueva York a mediados de los noventa cuando le mostré un montón de textos del Proyecto Gutenberg en mi Palm Pilot que lo inspiraron para empezar a dar licencias de los títulos de Tor para PDAs, hasta el cambio de milenio cuando compró y publicó mi primera novela (desde entonces ha comprado otras tres; ¡Patrick me encanta!).

Cuando los grupos de noticias dedicados al “bookwarez” empezaban a despegar, me llevé una desagradable sorpresa cuando uno de mis colegas inició acciones legales contra AOL/Time-Warner por albergar el grupo de noticias alt.binaries.ebooks. Este escritor alegaba que AOL debería tener la responsabilidad de eliminar este grupo de noticias, ya que transmitía tantos documentos infractores, y que su dejación lo convertía en un colaborador necesario, y por tanto acreedor de las penas increíblemente duras estipuladas en nuestras recién acuñadas leyes de copyright como la No Electronic Theft Act [Ley contra el robo electrónico] y la aborrecible Digital Millenium Copyright Act, o DMCA [Ley de copyright del Milenio Digital].

Esa idea sí que daba miedo: por ahí sueltas andaban personas que pensaban que el mundo sería un lugar mejor si los proveedores de acceso a Internet tuvieran el deber de censurar y hacer de policías activos de los sitios webs y grupos de noticias a los que podían acceder sus clientes, incluyendo el requisito de que los proveedores deberían determinar, por sí solos, lo que era una infracción ilegal del copyright —algo normalmente dejado al cuidado de jueces, informados por consejos de reconocidos estudiosos del copyright. [7]

Se trataba de una idea fenomenalmente idiota, y que me ofendía hasta la médula. Se supone que los escritores son partidarios de la libre expresión, no de la censura. Se diría que algunos de mis colegas estaban encantados con la libertad de expresión, pero tenían reparos ante la idea de compartirla con el resto del mundo.
Bien, demonios, yo tenía un libro a punto de salir, y parecía ser una oportunidad para intentar hacerme una idea sobre este asunto de los libros electrónicos. Por un lado, los libros electrónicos eran un fracaso lamentable, por otro lado cada día había más libros publicados en alt.binaries.ebooks.
Esto me lleva a las dos certezas que tengo sobre los libros electrónicos:

1. Más y más gente está leyendo más palabras en más pantallas cada día.
2. Menos y menos gente está leyendo menos palabras en menos páginas cada día.
Estas dos certezas planteaban un montón de preguntas.
•    Las resoluciones de pantalla son demasiado bajas para remplazar efectivamente al papel
•    La gente quiere poseer libros físicos por su atractivo visceral (a menudo esto viene acompañado de un sermoncillo sobre lo bien que huelen los libros, o el buen aspecto que tienen en una estantería, o lo evocadora que puede ser una mancha de curry en el margen)
•    No puedes llevarte tu libro electrónico a la bañera
•    No puedes leer un libro electrónico sin electricidad y un ordenador
•    Los formatos de archivo se hacen obsoletos, el papel ha durado largo tiempo

Ninguna de estas razones me parecía que fuera una buena explicación del “fracaso” de los libros electrónicos. Si las resoluciones de pantalla son demasiado bajas para remplazar al papel, entonces ¿cómo es que toda la gente que conozco pasa cada vez más tiempo leyendo en una pantalla, incluyendo a mi bendita abuela? (Los geeks [8] tienen una tendencia realmente molesta a argumentar que ciertas tecnologías no están listas para el uso común porque sus abuelas no las usan — bien, mi abuela no para de mandarme correos electrónicos. Escribe a máquina una velocidad de 70 palabras por minuto, y le encanta enseñarles los correos nieteciles a todos sus amigos reunidos alrededor de la piscina en su residencia para jubilados en Florida).

Sin embargo, los otros argumentos eran mucho más interesantes. Me parecía que los libros electrónicos son distintos de los libros de papel, y tienen distintas virtudes y defectos. Pensemos un poco acerca de los avatares del libro a lo largo de la historia. Es interesante porque la historia del libro es la historia de la Ilustración, la Reforma, los Peregrinos y, finalmente, la colonización de las Américas y la Revolución Americana.
A grandes rasgos, hubo un tiempo en que los libros los imprimían a mano unos monjes sobre pieles exóticas. Las únicas personas que podían leerlos eran sacerdotes, que se recreaban la vista con los estupendos monigotes que los monjes dibujaban en los márgenes. Los sacerdotes leían los libros en voz alta, en latín (ante un público cuya mayoría no hablaba latín) en las catedrales, envueltos en carísimo incienso que se elevaba de los incensarios portados por los monaguillos.

Entonces Johannes Gutenberg inventó la imprenta. Martín Lutero convirtió esa imprenta en una revolución. Editó biblias en idiomas legibles por personas que no fueran sacerdotes, y las distribuyó entre la gente normal, que pudo entonces leer la palabra de Dios por su cuenta. El resto, como dicen, es historia.
Aquí van unas cuantas cosas que interesa resaltar sobre la llegada de la imprenta:

•    Las Biblias de Lutero carecían de la calidad de fabricación de las Biblias iluminadas. Eran comparativamente baratas y carecían de la expresividad tipográfica que un monje con verdadero talento podía expresar al escribir la palabra de Dios.
•    Las Biblias de Lutero no eran nada apropiadas para el uso tradicional de una Biblia. Se suponía que una buena Biblia debía reforzar la autoridad del hombre del púlpito. Requería peso, requería ser impresionante y, sobre todo, exigía ser escasa.
•    La experiencia de usuario de las Biblias de Lutero era un asco. No había incienso, ni monaguillos, y ¿quién (aparte de los sacerdotes) podía suponer que la lectura exigía tanto de la vista?
•    Las Biblias de Lutero eran mucho menos fiables que sus contrapartidas iluminadas. Cualquiera con acceso a una imprenta podía imprimir una, introduciendo todo el texto apócrifo que le apeteciera… ¿y quién sabía cómo era de ajustada la traducción? Los monjes tenían detras de ellos al Papado, una organización de control de calidad que había servido a Europa durante siglos.

A finales de los noventa acudí a conferencias en las que ejecutivos musicales explicaban pacientemente que Napster estaba condenado al fracaso, porque no proporcionaba las portadas, ni las notas interiores del disco, no se podía saber si el paso a mp3 era bueno, y a veces la conexión se cortaba a mitad de descarga. Estoy seguro de que muchos cardenales planteaban los mismos argumentos con igual certeza.

Lo que los ejecutivos discográficos y los Cardenales ignoraban es todas las maneras en que las Biblias de Lutero arrasaron:

•    Eran rápidas y baratas. Montañas de personas podían comprarlas sin tener que someterse a la autoridad y la aprobación de la Iglesia.

•    Estaban escritas en idiomas que los no-sacerdotes también podían leer. Uno no tenía que fiarse de la palabra de la Iglesia cuando los sacerdotes explicaban lo que Dios había querido decir.

•    Provocaron el nacimiento de un ecosistema de imprentas en el que florecieron muchos libros. Las imprentas, cuya popularidad inicial fue espoleada por las ideas de Lutero sobre la religión, permitieron la creación y difusión de nuevos tipos de ficción, poesía, política, ensayo, etcétera.

Nótese que todas esas virtudes son ortogonales a las virtudes de una Biblia monástica. Esto es, ninguna de las cualidades que hizo un éxito de la imprenta de Gutenberg es una cualidad que hiciera un éxito de las biblias de los monjes. Por la misma regla de tres, las razones para apreciar los libros electrónicos tienen muy poco que ver con las razones para apreciar los libros de papel.

•    Son fáciles de compartir. Los Secretos de la hermandad Ya-Ya pasó de la mitad de las listas a ser un best-seller a base de pasar de mano en mano entre las mujeres pertenecientes a clubs de lectura. Los Slashdot-adictos y otros ciudadanos de la red tienen vidas sociales tan ricas como los miembros de estos clubs, pero sin verse las caras entre sí; la única clase de libro que se pueden pasar de mano en mano es un libro electrónico. Es más, el factor que mejor se correlaciona con la compra de un libro es la recomendación de un amigo; ¡que un amigo recomiende un libro hace más probable su compra que la lectura placentera del volumen anterior de una serie!

•    Son fáciles de cortar y trocear. Aquí es donde sale al exterior el fanático de Macintosh que hay en mí — las plataformas minoritarias son importantes. Es una perogrullada del universo Napster que la mayor parte de los archivos que se descargan son temas de radiofórmula, un 90 por ciento o así, y yo me lo creo. Todos queremos escuchar música popular. Por eso se llama popular. Pero lo interesante es el otro diez por ciento. Bill Gates declaró al New York Times que Microsoft perdió la guerra de los buscadores haciendo “un buen trabajo en el 80 por ciento de las búsquedas más comunes e ignorando el resto. Pero lo que cuenta es el otro 20 por ciento, porque es donde está la percepción de calidad”. ¿Por qué cautivó Napster a tantos de nosotros? No fue porque nos pudiera proporcionar las grabaciones de las listas de éxito que podíamos oír con sólo encender la radio: fue porque el 80 por ciento de toda la música jamás grabada no estaba en venta en ningún lugar del mundo, y en ese 80 por ciento estaban todas las canciones que nos habían emocionado, todos los gusanos pegadizos que se habían alojado en nuestros cerebros, todo aquello que nos hacía sonreír cuando lo oíamos.

Esas canciones son distintas para cada uno de nosotros, pero comparten el rasgo de marcar la diferencia entre un servicio atractivo y… bien, la radiofórmula de superventas. Era la minoría de las canciones lo que atraía a la mayoría de oyentes. Por la misma razón, la maleabilidad del texto electrónico quiere decir que puede recomponerse fácilmente: puedes ponerlo en un servidor web, o convertirlo al formato de tu agenda electrónica favorita; puedes pedirle a tu computadora que te lo lea en voz alta y puedes buscar en el texto una cita para un trabajo de clase o para usarla en tu firma. En otras palabras, la mayor parte de la gente que se descarga el libro lo hace por razones predecibles, y en un formato predecible (por ejemplo, para leer un capítulo en formato HTML antes de decidir si se lo compran), pero lo que diferencia una experiencia de texto electrónico aburrida de una emocionante es el uso minoritario (imprimir un par de capítulos para llevar a la playa en vez de arriesgarse a empapar el libro de papel).

Los fabricantes de herramientas y diseñadores de software son cada vez más conscientes del concepto de “facilitadores” en el diseño. Puedes clavar un clavo en la pared con cualquier objeto pesado y asible, desde una roca hasta un martillo pasando por una cazuela de hierro fundido. Sin embargo, hay algo en un martillo que parece pedir que lo usemos para clavetear. Tiene facilitantes que inclinan a la persona que lo sujeta a blandirlo. Y, como todos sabemos, cuando todo lo que uno tiene es un martillo, todo en el mundo parece un clavo.
El facilitador de una computadora, aquello para lo que se diseñó, es rebanar-y-cortar colecciones de bits. El facilitante de la Internet es mover bits a altísimas velocidades por todo el mundo, con un coste ínfimo o nulo. De aquí se sigue que en el núcleo de la experiencia del libro electrónico va a haber bastante cortar y rebanar texto, y mucho mandarlo por ahí.

Los abogados del copyright tienen una palabra para referirse a estas actividades: infracción. Esto es porque el copyright da a sus creadores un monopolio casi total sobre la copia y remezcla de su trabajo, prácticamente para siempre (teóricamente el copyright expira, pero en la práctica real, los plazos se prorrogan cada vez que los primeros dibujos de Mickey Mouse están a punto de entrar en el dominio público [9], porque Disney tiene mucha influencia en Washington).

Este es un grave problema. El peor problema posible. He aquí el porqué:

•    Los autores se suben por las paredes. Los autores han sido adiestrados por sus colegas para pensar que un copyright fuerte es lo único que les salva de ser sodomizados salvajemente en el mercado. Esto es bastante cierto: a menudo un copyright fuerte es lo único que defiende a los autores de los peores excesos de sus editores. Sin embargo, de ahí no se sigue que un copyright fuerte les proteja de sus lectores.

•    Los lectores se indignan de que se les llame ladrones. En serio. Eres un pequeño empresario. Los lectores son tus clientes. Llamarlos ladrones es malo para el negocio.

•    Los editores se suben por las paredes. Los editores están en el negocio de agarrar tanto copyright como puedan y aferrarse a él con su vida porque, maldita sea, nunca se sabe. Esta es la razón por la que las revistas de ciencia ficción intentan engañar a los autores para que firmen sus derechos improbables para asuntos como atracciones de parque temático o muñecos de juguete basados en su obra; también es la razón por la que los agentes literarios piden ahora comisiones de la duración del copyright por los libros que representan: el copyright cubre tanto terreno y tarda tanto en desaparecer, ¿quién no querría llevarse tajada?

•    La responsabilidad civil se dispara. Las infracciones de copyright, especialmente en la Red, son un superdelito. Acarrean penas de 150.000 $ por infracción, y los poseedores de los derechos afectados y sus representantes tienen todo tipo de poderes especiales, como la capacidad de forzar a un proveedor de servicios de Internet a que entregue tus datos personales sin tener que mostrar pruebas de la supuesta infracción a un juez. Esto quiere decir que cualquiera que sospeche que pueda estar del lado equivocado de la ley de copyright va a ser terriblemente precavido: los editores fuerzan a sus autores de modo no negociable a indemnizarlos frente a peticiones de infracción y, ésta es mejor, les obligan a probar que han “conseguido autorización” de todo el material que citan, incluídas citas breves cubiertas por el fair-use (uso apropiado) [10], como títulos de canciones en los comienzos de los capítulos. El resultado es que los autores acaban asumiendo una responsabilidad potencialmente destructiva para sus carreras, se autocensuran antes de citar el material que les rodea, y se asustan de tocar textos del dominio público porque un error bienintencionado sobre el estátus de dominio público de una obra acarrea un precio tan terrible.

•    La posteridad se esfuma. En el caso Eldred contra Ashcroft ante el Tribunal Supremo de los EEUU el año pasado, el tribunal halló que el 98 por ciento de las obras con copyright ya no generan ingresos para nadie, pero que averiguar a quién pertenecen esas viejas obras con el grado de certeza que a uno le gustaría cuando un error significa el apocalipsis económico total costaría más de lo que uno podría ganar con ellas. Esto quiere decir que el 98 por ciento de las obras expirará mucho antes de que lo haga su copyright. Hoy en día los nombres de los fundadores ancestrales de la ciencia-ficción (Mary Shelley, Arthur Conan Doyle, Edgar Allan Poe, Julio Verne, H.G. Wells) aún son conocidos, y su trabajo aún forma parte del discurso. Sus herederos espirituales, de Hugo Gernsback en adelante, podrían no tener tanta suerte; si su obra sigue “protegida” bajo el copyright, podría desvanecerse de la faz de la Tierra antes de volver al dominio público.
Esto no quiere decir que el copyright sea malo, sino que existe un copyright bueno y uno malo, y que en ocasiones demasiado copyright puede ser malo. Es como el picante en la sopa: un poquito puede gustar mucho, y demasiado estropea el caldo.
De la Biblia de Lutero a las primeras grabaciones fonográficas, de la radio a las revistas pulp [11], del cable al MP3, el mundo ha demostrado que su primera preferencia para los medios nuevos es su “democraticidad”, la facilidad con que se puede reproducir.
(Y por favor, antes de continuar, olvidémonos de todo ese asunto de que el modelo de copia de Internet es más disruptor que las tecnologías anteriores. Por el amor de Dios, los artistas de vodevil que pusieron un pleito a Marconi por inventar la radio tuvieron que pasar de un régimen en el que tenían el cien por ciento de control sobre quién podía entrar en un teatro y escucharles actuar a un régimen en el que tenían el cero por ciento de control de quién podía comprar o fabricar una radio y sintonizar una grabación en la que ellos actuaban. Por las mismas, comparen una Biblia manuscrita y una Biblia de Lutero; junto a ese cambio de fase, Napster es una nadería).
Volvamos a la democraticidad. Cada nuevo medio con éxito ha llegado a un compromiso entre su objetualidad (el grado hasta el que estaban poblados por colecciones de átomos compuestas a la medida, inteligentemente pergeñadas por maestros artesanos) y su facilidad de reproducción. Los rollos de pianola no eran tan expresivos como los buenos pianistas, pero tienen una mejor economía a gran escala, del mismo modo que las emisiones de radio, las revistas pulp y los MP3es. Las notas de contraportada, las letras de las canciones impresas en el interior del disco, las ilustraciones a mano y las encuadernaciones en cuero son agradables, pero se quedan atrás por comparación con la capacidad de un individuo de hacerse su propia copia.
Lo que no quiere decir que los viejos medios mueran. Los artistas siguen haciendo manuscritos iluminados, los grandes pianistas siguien subiendo al escenario del Carnegie Hall, y los estantes siguen repletos de reveladoras biografías de músicos, más detalladas que ningún folleto del interior de un disco.Lo que pasa es que, cuando todo lo que uno tiene son monjes, todos los libros asumen la personalidad de una Biblia monástica. Una vez se inventa la imprenta, todos los libros más apropiados para el tipo móvil emigran a la nueva forma. Atrás quedan aquellos objetos más apropiados para el viejo sistema de producción: las obras de teatro que piden ser obras de teatro, los libros que son especialmente encantadores en papel cremoso cosido entre portadas, la música que es más disfrutable representada en vivo y recibida entre una masa humana.
El incremento de democraticidad se traduce en una merma de control: es mucho más duro controlar quién puede copiar un libro una vez hay una fotocopiadora en cada esquina que cuando necesitas un monasterio y varios años para copiar una Biblia. Y ese control disminuido exige un nuevo régimen de copyright que vuelva a equilibrar los derechos de los creadores con los de su público.
Por ejemplo, cuando se inventó el videograbador, los tribunales de los Estados Unidos afirmaron una nueva exención de copyright para la posibilidad de que los espectadores pudieran grabar las emisiones para verlas en diferido; cuando se inventó la radio, el Congreso de los Estados Unidos concedió una exención de las leyes anti-monopolio a las discográficas para asegurarse una licencia obligatoria; cuando se inventó la TV por cable el gobierno de los Estados Unidos ordenó a las emisoras a vender acceso de programación a los cableoperadores por una tarifa fija.
El copyright está perennemente anticuado, porque su última revisión fue provocada por una respuesta a la última generación de tecnología. La tentación de tratar el copyright como si lo hubieran bajado del monte grabado en dos dos tablas de piedra (o peor, como “lo mismo” que la propiedad real) es un profundo error ya que, por definición, el copyright actual sólo considera la última generación de tecnología.
Así que, ¿viola el bookwarez las leyes de copyrigh? Pues claro. ¿Es el fin del mundo? Claro que no. Si la iglesia católica puede sobrevivir a la imprenta, la ciencia ficción sobrevivirá claramente a la llegada del bookwarez.

Ya casi hemos acabado, pero hay un cosa más que me gustaría hacer antes de bajarme del escenario. Pensad en ello como una “propina”, un pequeño extra para agradeceros vuestra paciencia.
Hace aproximadamente un año, publiqué mi primera novela, Down and Out in the Magic Kingdom, en la red, bajo los términos de la licencia Creative Commons más restrictiva que había. Todo lo que permitía a mis lectores era mandarse copias de mi libro. Cuidadosamente, estaba mojando el pie en el agua, aunque en aquel momento me sentía como si me estuviera lanzando de cabeza.

Ahora sí que me voy a lanzar. Hoy voy a re-licenciar el texto de Down and Out in the Magic Kingdom bajo una licencia de Creative Commons, la “Attribution-ShareAlike-Derivs-Nonommercial” [VERSIÓN DE LA LICENCIA LEGIBLE POR HUMANOS], lo que quiere decir que, a partir de hoy, tenéis mi bendición para crear obras derivadas de mi primer libro. Podéis hacer películas, libros hablados, traducciones, fición amateur, ficción erótica (Dios nos valga), ficción erótica con gente disfrazada de muñecos de peluche [DETALLE DE LA JERARQUÍA GEEK], poesía, traducciones, camisetas, lo que queráis, con dos componendas: uno, que tenéis que dejar que los demás puedan copiar, mezclar y grabar vuestras creaciones del mismo modo en que estáis manipulando la mía; y dos, tenéis que hacerlo de forma no comercial.

El cielo no se desplomó cuando me mojé los dedos del pie. Veamos qué pasa cuando me meto hasta la rodilla.
El texto con la nueva licencia estará en la red antes del final del día. Para más detalles, http://craphound.com/down/

Ah, y también voy a liberar el texto de este discurso bajo una dedicatoria al dominio público de Creative Commons, dándosela al mundo para que haga lo que le parezca. El enlace aparecerá en mi weblog, Boing Boing, antes de que acabe el día.

Aquí se termina esta charla, por ahora. Gracias a todos por vuestra amable atención. Espero que sigáis escudriñando una topología más detallada de la forma de los libros electrónicos, y que me ayudéis a mostrarlos aquí a la vista de todos.

Cory Doctorow 
En vuelo sobre Tejas
4 de febrero de 2004
[Traducido por Javier Candeira 
Rodeado de linuxeros, en Lleida (Lérida), España
23 de abril de 2004 
Diada de Sant Jordi 
Día Mundial del Libro y el Derecho de Autor]
[Editado por José Antonio Millán
Sobrevolando a su familia en Sarrià (Barcelona, España)

23 de abril del 2004
Día del Libro

Notas
 (del traductor salvo otra indicación)
[*] Esta edición ha reconstruido algunos de los contenidos de las diapositivas originales, restituyéndolas en sus lugares [N. del Editor]
[1] Los interesados en este tema pueden seguirlos (y colaborar) en la lista de correo del proyecto de traducción al español y transposición a la legislación española de las licencias Creative Commons: http://lists.ibiblio.org/mailman/listinfo/cc-es http://creativecommons.org/projects/international/es/
[2] Debo a José Antonio Millán la expresión “cáspa de árboles — encuadernada en vaca muerta” para referirse a los libros tradicionales (traducción de Tree flakes encased in dead cow, de William Mitchell en su libro City of Bits: Space, Place, and the Infobahn), y que aquí traduce los dead trees (árboles muertos) que emplea Doctorow.
[3] En el argot de los crackers o intrusos informáticos, “0wn” significa hacerse con el control total de algo. En el caso de Doctorow el uso de cero en lugar de la letra o no indica “mirad lo estupendo que soy”, sino que es irónico.
[4] Provocadores [N. del Editor].
[5] ACE es una editorial dedicada a la ciencia-ficción, y sus ediciones dobles son libros que contienen dos novelas breves (o relatos largos) de autores distintos, encuadernadas de modo que el volumen tiene dos portadas, y una vez se lee uno hay que darle la vuelta al libro para empezar por el otro extremo y leer el otro.
[6] Pido disculpas a mis lectores hispanoamericanos. En inglés original: Cool Things. Cosas estupendas, vamos. [Bueno: no sé tampoco si ‘cosas estupendas’ es algo universal en el orbe hispanohablante… N. del Editor]
[7] Wind Done Gone es una obra paródica que cuenta desde el punto de vista de los esclavos negros los acontecimientos de Gone With the Wind (Lo que el viento se llevó), el best-seller de Margaret Mitchel que dio lugar a la famosa película. El pleito que siguió a su publicación es un buen ejemplo de la tensión legal que existe entre el copyright y la libertad de expresión.
[8] Geeks: empollones asociales para los que usen la palabra de forma despectiva, o locos divinos y obsesivos para los que usen la palabra de forma apreciativa. La discusión que se encuentra en Barrapunto: http://barrapunto.com/lengua/100/09/23/0919211.shtml contiene una contribución en la que el presente traductor dijo todo lo que tenía que decir: http://barrapunto.com/comments.pl?sid=32673&cid=6765
[9] En este caso, aunque el dominio público español no sea lo mismo que el public domain norteamericano, Mickey Mouse habría pasado, al caducar el plazo de protección de copyright, también al dominio público español.
[10] Según la doctrina jurisprudencial norteamericana, el fair use constituye el conjunto de prácticas que requieren la copia de un material, pero que no infringen el copyright, como su uso en la crítica, el estudio, la parodia o el uso privado. Correspondería, de forma general y sin una equivalencia directa, a los derechos de copia privada o de cita en la legislación española.
[11] La literatura pulp se conoce en español como la literatura “de kiosko”, revistas impresas en papel de baja calidad (pulp) que tuvo su apogeo en las décadas de 1920 y 1930.

La FLI(A), crónica de un mundo paralelo.

La FLIA (Ferial del Libro Independiente y Autónoma) es, ni más ni menos, que una feria de libros, arte y música que está por fuera de los circuitos comerciales que todos conocemos. Si se tiene en cuenta el lugar donde fue realizada, el estacionamiento de Facultad de Sociales, queda de manifiesto, de cierta forma, la orientación de esta feria.

Afiche de la FLIA para el 8 de diciembre de 2010.

Ya sabía que me iba a encontrar con un ambiente cordial, con un marco político muy afín a las ideas de izquierda e inmerso en la lucha social; el micrófono abierto, música latinoamericana, rock, poesía y la arenga constante a no bajar los brazos ante tal o cual lucha de los trabajadores. El calor y un poco de viento, que hacía que el estacionamiento al aire libre no fuera un verdadero infierno, pasaba entre los stands.

Recuerdo hace ya muchos años, cuando llegó mi turno de elegir continuar mis estudios en la universidad, antes de terminar el secundario, la UBA no estaba en mis planes. La politización interna de la Universidad de Buenos Aires era para mí terreno ajeno. La política me importaba un carajo y generó con el tiempo un tipo descreido, que ama vivir en democracia pero que eligió ser un verdadero ateo político.

Entonces, ¿por qué fui? Primero porque no estar de acuerdo con ciertos aspectos de la vida de otros, ideas y formas de llevarlas a cabo no iba a hacer que no pudiera disfrutar de este evento. ¿Cuánto de hippie tenemos nosotros autoeditando desde hace 15 años, yendo a las convenciones a atender un stand cada vez que somos invitados? La primera vez que me hallé solo detrás de la mesa cubierta por un mantel con mis revistas encima me di cuenta de que había pasado una línea, que había cedido ante los prejuicios a formar parte de la fauna feriante, a ser uno más dentro dentro de un esquema que está por fuera de cualquier circuito comercial, y en el caso de los comics, casi puedo aseverar que está por fuera de todo. Así, hace años, me planté como parte de un sistema de distribución, comunicación y artísitico under, independiente o como gusten llamarlo.

¿Viste lo mismo que yo? Sí, comics, ¿no?

¿Cuánto tenemos en común? Mucho. Dejo la política de lado porque no cambiaron mis ideas respecto de ella, pero mucho. De alguna manera todos luchamos por mantenernos a flote en un circuito que se alimenta de la gente que participa desde adentro y de los que vienen de afuera, quizás con la inquietud de buscar o encontrar algo más, lo distinto pero esta vez, por fuera de lo impuesto por un mercado editorial compuesto por grandes grupos paquidérmicos y de escaso acceso para el común de los escritores o pequeños editores.

Pero la FLIA también es esa parte de resistencia que hoy se ve muy marcada por el uso de la tecnología a través de internet, el sharing entre usuarios, compartir la obra de otro. Pequeños libros, autores difíciles de ser leidos porque su obra está descatalogada o porque (para variar) quien edita su obra pone precios europeos a las ediciones locales, haciendo inaccesible al autor y sus escritos. Bolaño es uno de ellos, y no porque yo sea un lector acérrimo de su obra, nada que ver. Pero sí tengo amigos que lo leen y gustan de la buena lectura, pero la bueno vale su peso en dólares. Por eso, recorriendo los pasillos, vemos formatos extraños, con autores difíciles de conseguir y/o comprar en ediciones paralelas al alcance del público en general.

Queda la grata sensación de que la visita a la FLIA del 8 de diciembre fue muy productiva, una jornada distinta, sin el aire acondicionado de La Rural, sin grandes marcas ni monopolios; me quedo pensando en el acceso a los libros, una gran parte de nuestra cultura; hoy una forma de cultura cada vez más elitista ya no por cuestiones de capacidad intelectual, sino por la inaccesibilidad muy marcada por precios que no son acordes a la realidad. Una y otra vez la política me importa un carajo, pero acabo de meter la cabeza de lleno en ella al escribir estas líneas. Bienvenidos a una dimensión alternativa en la calurosa Buenos Aires. ¡Bienvenidos al mundo de la FLIA!


Madera noruega para Comix :: Entrevista a Leif Tande.

Otra vez tengo que poner una nota dentro del contexto. Si no me equivoco, durante mayo/junio de 2009 se realizó el Festival Viñetas Sueltas en el Centro Cultural Recoleta. Fueron varios los artistas invitados del exterior (sobre todo europeos) pero nosotros nos “enganchamos” con el trabajo de este artista radicado en Quebec y que luego nos enteramos era noruego. No voy a negar que dado su porte y sabiendo su lugar de procedencia, me lo imaginé con pelo largo, alguna trenza, casco y espada con la vista en el poniente mientras navegaba en su drakkar.

Arte del afiche del Festival Viñetas Sueltas '09.

Luego de charlar brevemente con él para solicitarle la entrevista, decidimos que lo lógico era que mi amigo, ex co-equiper, co-guionista, Fran Cascallares fuera el elegido para realizarla debido a sus dotes orales con el idioma inglés. A mí, por cuestiones de tamaño y porque dicen que todo el mundo se me acerca fácilmente, me tocó cuidar el stand y atenderlo siempre con mi sonrisa característica. Pero la cosa derivó, una vez más, en una entrevista por mail por los compromisos tomados con los organizadores del festival.

Fran y yo formamos hace pocos años Stories Everywhere, un pequeño sello independiente de comics (por ahora) que tenía la particularidad de ser llevado adelante por dos guionistas, o sea, nosotros. Ya que el esfuerzo valió la pena, la entrevista está en nuestra lengia madre y en inglés. Disfrútenla!

Entrevista a Leif Tande.

Durante el Festival Viñetas Sueltas celebrado durante junio en Buenos Aires, tuvimos la oportunidad de conocer al señor Leif Tande, un autor de comics independiente noruego que vive en Quebec, Canada. Leif Tande dibuja y escribe cómics que toman al lector por sorpresa cada vez con sus ideas visuales impredecibles, sus extravagantes juegos narrativos, y con un jugo creativo que nunca deja de fluir. Viñetas Sueltas fue nuestra oportunidad local de conocer sus obras y conocer Al Hombre En Persona. Unos días después del Festival, y de que Leif autografiara el último de quién sabe cuántos de sus libros, mantuvimos una conversación electrónica con él (que traducimos al castellano). Acá está su autógrafo de cada uno de nuestros ejemplares de Morlac y convers(at)ions.

STORIES EVERYWHERE: Gracias por estar aquí, por tu tiempo para esta entrevista y por tus libros (nos regaló un ejemplar de conver(at)ions a cada uno).

LEIF TANDE: No hay problema. Un placer.

SE: Soy ese tipo de pelo largo que se acercó a vos con un grabador pidiendo una entrevista breve.

LT: Sí, te recuerdo, tipo de pelo largo.

SE: Sugeriste que no te molestaría que te enviara las preguntas por email, así que acá estoy.

LT: Excelente. Hora de comenzar.

SE: Por favor, tomate todo el tiempo que necesites para contestar esto.

LT: Ok. Fantástico. Lo haré .

SE: Hay unas cuantas versiones distintas de tu biografía dando vueltas por ahí. En convers(at)ions, te pinta como una versión cómica de Batman. En una gacetilla de prensa española para El pulpo disc jockey se dice que abandonás Noruega como el descendiente directo “de la alta tiranía dictatorial escandinava” y que te establecés “en Québec con el fin de escaparse de la justicia internacional como de la agencia tributaria de Noruega”. Hasta tu propia biografía en la exhibición de Viñetas Sueltas (Buenos Aires) parece contar otro cuento más sobre poder político y exilio. ¿Quién es Leif Tande?

LT: Soy una persona muy tímida. No me agrada exponer mi vida frente a otra gente. Así que tiendo a agregar un poquito de ficción a mi vida real, para hacerla más emocionante. A decir verdad, soy sencillamente un simple profesor. Enseño arqueología y antropología en la Universidad de Laval.  A veces, me tomo vacaciones sabáticas y salgo a cazar artefactos en las junglas del ecuador, donde toda clase de aventuras me suceden. Lucho contra nativos hostiles, corruptos cazadores de tesoros franceses y hordas de nazis…

…o quizás esto es ficción también 🙂

Leif Tande firmando mi copia de Morlac. Lo interesante es que no firma los ejemplares, les crea una nueva viñeta o dedica un diálogo dibujado con sus personajes.

SE: ¿Qué lugar tiene esta relación con poder politico, tiranía y exilio en tu identidad como autor?

LT: Absolutamente ninguna. Nada podría ser más apolítico que lo que yo hago. Eso no quiere decir  que no me agrade shockear, irritar o hacer que la gente piense sobre cuestiones. Au contraire. Lo que significa es que no tengo ninguna afinidad a pensamientos prefabricados. Mis opiniones pueden ser serias o satíricas, intencionalmente agradables o malévolas, dirigidas a complacer o ultrajar, pensadas para tranquilizar o irritar. Mientras siempre sea diferente, variado y odioso, lo adoro.

SE: Sos un autor noruego que vive y trabaja en Quebec. Tengo entendido que no hablabas francés cuando llegaste a Canadá. ¿Sentís que la barrera del lenguaje, si hubo una, jugó alguna parte para definir tu estilo de comix? (En la escritura o en el dibujo)

LT: Exactamente correcto. Me llevó para siempre aprender francés (es un idioma muy difícil de dominar) y por un largo tiempo, cuando llegué a Quebec, en 1984, utilicé dibujos para que me entendieran. Pronto me gustó más dibujar que hablar, y la gente empezó a suponer que yo debía ser mudo. Fue cuando empezaron a ofrecerme trabajos como mimo, que finalmente aprendí a hablar. Ahora me manejo con fluidez en francés, noruego y en escandinavo tradicional. Hykëhea. Asayo Bavi!

LE BOXEUR. © Leif Tande.

SE: Cuando empezás una obra nueva, ¿hay algo que sistemáticamente te proponés alcanzar? En otras palabras, ¿cuándo es que te sentís listo para empezar un libro nuevo?

LT: Gran pregunta. Diantres, es siempre distinto, ya que todos mis libros son distintos entre sí. A veces me viene una idea de repente, y empiezo en ese mismo momento, con pasión y una adrenalina que hace que la improvisación sea frenética. Otras veces, disfruto escribiendo una historia completa y me lleva para siempre encontrar el tono y el look de la historia. De verdad que siempre es distinto.

SE: ¿Cuál dirías, a un nuevo lector tuyo, que es tu trabajo más representativo y por qué?

LT: Creo que Morlac es el que mejor puede representar mi trabajo. Es mudo, así que puede ser “leído” en cualquier parte del mundo. También es un libro no convencional, en el sentido que la manera de leerlo es distinta a la de los cómics en general. Es interactivo, ya que el lector decide cómo leerlo y hacia dónde va la historia. El protagonista muere 30 veces en el libro. Me encanta cuando los protagonistas mueren. Eso hace mierda una buena historia y hace que las segundas partes sean imposibles. Y finalmente, fue un álbum totalmente divertido para crear, una diversión que me dicen es comunicativa. Así que, sí, Morlac, ,publicada por La Pastèque.

MORLAC, una obra muda con la posibilidad de elegir el recorrido de lectura. © Leif Tande
MOTUS, un libro que si mal no recuerdo, nos dijo que estaba fuera de catálogo. © Leif Tande.

SE: ¿Qué libros se encuentran normalmente en tu mesa de luz / estante de libros favoritos?

LT: En este momento, estoy volviendo a leer Les femmes aux cheveux courts (Mujeres de pelo corto), escrito por Patrice Leconte. Ya que adoro a las muejres con pelo corto, no pude resistirme al libro. Ya lo leí dos veces y lo dejo siempre a mano, o lo presto, para que otros lo lean y lo disfruten. Con suerte, en algunos años, todas las chicas y mujeres tendrán sexy pelo corto.

SE: De Buenos Aires, ¿te llevás alguna impresión sobre la escena latinoamericana de cómics que quieras comentar? ¿Alguna comparación con la escena indie en Quebec?

LT: Me voló la cabeza el talento, la diversidad y la energía que muestra la escena de cómics en Latinoamérica. Es fabuloso y totalmente loco!

Hubo tantos artistas apasionados… fue una revelación. Solamente espero que muchísimos de ellos  alcancen ser traducidos al noruego (o al fracés) o quizás deba tener que aprender un idioma más! Gracias al Festival Viñetas Sueltas, en Buenos Aires, por invitarme y permitirme descubrir laimaginación y talento de Sudamérica.

SE: Gracias por tu tiempo, tu onda y tu presencia en Buenos Aires. Espero que nos encontremos de nuevo el año que viene si es posible.

LT: Hey. ¿Quién sabe? 🙂 Chau, Leif

WILLIAM. © Leif Tande.

Leif Tande interview :: Norwegian Wood For Comix.

During the Viñetas Sueltas Comics Festival held last June in Buenos Aires ( http://www.vinetas-sueltas.com.ar ), we had the chance to met the one and only Leif Tande, a Norwegian independent comic book author living in Quebec, Canada. Leif Tande draws and writes comic books that take the reader by surprise every time with their unpredictable visual ideas, their playful narrative conceptions, and a creative ooze that never stops. Viñetas Sueltas was our local chance to get to know his works and meet The Man Himself. Right after Viñetas Sueltas was over and Leif was autographing the last of only-Leif-knows-how-many of his books, we held an electronic conversation in English with him. (Spanish version coming soon). Here’s his signature on each of our copies of Morlac and convers(at)ions.

Stories Everywhere: Thanks for being there, for your time & books.

Leif Tande: No problem. It is a pleasure.

SE: I’m that long-haired guy who walked to you with a tape recorder asking for a short interview.

LT: Yes, I remember you, long-haired guy.

SE: You suggested you wouldn’t mind being sent the questions by mail, so here I am.

LT: Excellent. Let’s get to it.

SE: Please take all the time you need to answer this.

LT: Ok. Cool. I will.

SE: There are several different versions of your biography around. In convers(at)ions, you are depicted as a funny version of Batman. In a Spanish press release for Le palet dégueulasse you are said to leave Norway as the “direct descendent of the high scandinavian dictatorial tyranny […] to escape international justice as well as Norway’s Tax Agency”. Even your bio at your exhibit in Viñetas Sueltas (Buenos Aires) seems to tell a different story about political power and exile. Who is Leif Tande?

LT: I am a very shy person. I do not like to expose my life to other people. So I tend to add a little fiction to my real life, to make it more exciting. To tell the truth, I am just a simple teacher. I teach archeology and anthropology at Laval University. Sometimes I take sabbatical vacations and go artefact hunting in the jungles along the equator, where all sort of adventures befall on me. I battle hostile natives, corrupted French tresure hunters and hordes of nazis…

…or maybe this is fictious too.  🙂

SE: What place does this relationship with political power, tyranny and exile have in your identity as an author?

LT: None whatsoever. Nothing could be more apolitical than what I do. That doesn’t mean that I don’t like to shock, outrage or make people think about issues. Au contraire. What it means is that I don’t have any allegance to any prefabricated thoughts. My opinions may be serious or satyrical, intended to be nice, or to be nasty, aimed to please or outrage, meant to reassure or annoy. As long as it is always different, varied and obnoxious, I love it.

SE: You are a Norwegian author living and working from Quebec. I understand that you didn’t speak any French when you first arrived there. Do you feel that the language gap, if any, has played any part in shaping your comix style? (Drawing and writing).

LT: Exactly right. It took forever for me to learn French (it is a very hard language to master) and for a long time, when I arrived in Quebec, in 1984, I used drawings to be understood. I soon liked better to draw than speak, so people figured I must be a mute. It is when they started offering me mime jobs, that I finally decided to learn how to speak. Now I am fluent in both French, Norwegian and in traditional Scandinavian Hykëhea. Asayo Bavi!

SE: As you start a new work, is there something you set out to achieve systematically? In other words, when is it that you feel you’re ready to start a new book?

LT: Great question. Alas, it is always different, since all my books are different from one another. Sometimes I get a sudden idea, and start at it right away, with a passion and an adrenaline that makes the improvisation frenetic. Other times, I enjoy writing a whole complete storyline and take forever before finding the tone and look of the story. It really is always different.

SE: What would you say, to a new reader of your work, is your most representative book and why?

LT: I believe that Morlac is best suited to represent my work. It is mute, so it can be “read” anywhere in the world. It is also a non-conventionnal book, meaning that the way to read it is different than usual comic books. It is interactive, since the reader decides how to read it and where the story goes. The main character dies 30 times in the book. I love when main characters die. It fucks up a story good and makes sequels impossible. And finally, it was a complete fun album to create, a fun which I hear is communicative. So yes, Morlac, published at La Pastèque (http://www.lapasteque.com)

SE: What books are usually found on your bedside table/favorite bookshelf?

LT: Right now, I am re-reading Les femmes aux cheveux courts, written by Patrice Leconte. Since I love short hair women, I couldn’t resist the book. I read it twice and I leave it lying around, or lend it, for others to read and enjoy. Hopefully, in a few years, all girls and women will have sexy short hair.

SE: While at Buenos Aires, did you get any impressions about the Latin American comix scene that you’d like to comment on? Any comparisons between the Quebec indie scene and this one?

LT: I was blown away by the talent, the diversity and the energy that the Latin American comic scene displays. It is amazing and totally crazy! There was so many passionate comic book artists there… it was a revelation. I just hope lots of them get to be translated to Norwegian (or French) or I may just have to learn yet another language! Thanks to the Viñetas Sueltas festival, in Buenos Aires, for inviting me and letting me discover the imagination and talent of South America.

SE: Thank you for your time, your great disposition and your presence at Buenos Aires! Looking forward to meet you again next year if possible!

LT: Hey. Who knows? 🙂 Ciao, Leif.