La identidad tras la doble identidad.

    “Toda cultura supone un ‘nosotros’, que es la base de identidades sociales. Éstas se fundan en los códigos compartidos, o sea, en formas simbólicas que permiten clasificar, categorizar, nominar y diferenciar. La identidad social opera por diferencia, todo ‘nosotros’ supone un ‘otros’, en función de rasgos, percepciones y sensibilidades compartidas y una memoria colectiva común, que se hacen más notables frente a otros grupos diferentes, con los cuales la comunicación encuentra obstáculos.

    En toda sociedad conviven grupos diferenciados cuyas identidades sociales se constituyen en torno de diversas variables, como sus peculiares formas de percepción, comunicación e interacción, adscripción social y generacional, origen étnico o de clase. La otredad es una condición común, aunque la distancia social y simbólica que nos separa de un ‘otro’ puede ser mayor o menor y variar en su carga afectiva y valorativa. Por ende, el ‘otro’ es condición normal de la convivencia social y base de toda identidad colectiva, pero varía la distancia que nos separa del ‘otro’, el grado de ‘otredad’, de extrañeza, y también la carga afectiva y la actitud apreciativa con que nos relacionamos con la ‘otredad social’ en general y con determinados ‘otros’ en particular.”

Extracto del capítulo “Cultura y discriminación social en la época de la globalización” de Mario Margulis (extraído del libro “La segregación negada: cultura y discriminación social” de Mario Margulis, Marcelo Urresti y otros de Editorial Biblos).

Durante mucho tiempo vi en otros el “frikismo” del fan, incluso llegué a caracterizarlos de acuerdo a sus actitudes, vestimenta, etc. Veía que habitualmente las mujeres eran más sueltas, dadas y hasta que arrastraban menos complejos (si existieran dichos complejos). Sin embargo, el estereotipo de hombre con remera del superhéroe de turno, mochila con el logo de Nerv (de la serie Evangelion o los morrales multipin de todas las series correspondientes), actitud de “no quiero llamar la atención” y una cierta incapacidad para comunicarse (y ante la mínima pregunta o acercamiento de otra persona, el color rosa de la cara se pasaba a ser de un rojo demoníaco) solían ser, según mi criterio, los más esquivos en el trato.

Y estas actitudes esquivas me llevaron a pensar porqué esa misma persona tiene una actitud diferente cuando está dentro de ese círculo del cual forma parte con otros chicos como él/ella. Trekkies, otakus, fans de comics, de series de toda índole y los amantes del cosplay (Costume Play, difraces) que abarcarían a todos los anteriormente mencionados.

Los lazos culturales son los que estrechan relaciones y aglutinan a una comunidad, pero en una época donde lo que prevalece es la diversidad, aún se mira de soslayo al que opta por ser diferente o al que simplemente, por naturaleza, lo es. Esto va desde la vestimenta, el pelo y hasta la condición sexual. Siento que igual, más allá de la diversidad, la globalización, internet, el mundo se homogeiniza perdiendo ciertos rasgos culturales distintivos para empezar a formar todos parte de una nueva cultura en la que se mezclan muchos elementos de la cultura pop. Perder las raíces sería una pena porque es nuestra identidad misma como personas componentes de las comunidades que hacemos y formamos parte del país. La cultura pop vivió siempre entre nosotros y siempre hubieron grupos homogéneos (en look e ideas o ideales) y siempre, como parte también de esta cultura estuvieron los movimientos contraculturales.

Animate, noviembre 2012.
Animate, noviembre 2012.
Animate, noviembre 2012. Un ícono de mi infancia, La Momia de los Titanes en el Ring, una parte de esa cultura popular argentina.
Animate, noviembre 2012. Un ícono de mi infancia, La Momia de los Titanes en el Ring, una parte de esa cultura popular argentina.
Animate, noviembre 2012. un momento para superhéroes.
Animate, noviembre 2012. un momento para superhéroes.
Animate, noviembre 2012.
Animate, noviembre 2012.
Animate, noviembre 2012.  Producción y mucho color, las ganas de vestirse, pintarse y desvestirse y pasearse para frenar cad 5 metros para una foto.
Animate, noviembre 2012. Producción y mucho color, las ganas de vestirse, pintarse y desvestirse y pasearse para frenar cad 5 metros para una foto.

“Mamá, soy distinto.” Es el día de hoy que se lo sigo diciendo y mi vieja se sonríe y agrega: “No me cabe duda, nene.”

Siendo el mayor y único varón cargué el estigma de ciertas acusaciones. Siendo adolescente mi  viejo entendía que la forma de madurar era dejar esas revistitas dibujadas (comics), la campera de cuero, las cadenas, los aros, etc. Pero en ese momento, él se olvidaba de que en mi casa, desde que yo tuve uso de la razón y ciertos recuerdos casi consistentes, se leían las revistas Hum®, D’artagnan, El Tony, Intervalo, Nippur Magnun y Skorpio. Después de muchas peleas logré salirme con la mía y mis comics se quedaron en casa pero los reprimí por un tiempo (casi toda mi adolescencia pasaron a formar algo de lo cual yo no hablaba y que había dejado de consumir de manera abrupta).

Tal como les decía, después fueron las tachas, las cadenas y colgantes, campera de cuero y pantalón chupín. Mucho Ramones, Iron Maiden y vinieron los aros y los cortes raros de pelo. Esos raros peinados nuevos y mis flamantes aritos me hicieron hombre al grito de “sos un puto de mierda”. Pero la rebeldía pierde sentido si uno abdica y deja aquello por lo que se apasiona de lado. Esta es una anécdota más que para muchos puede resultar hasta familiar. Entonces me pregunto, ¿por qué tratar de ‘friki’ a otros que como yo decidieron mostrar su sentir de la manera que eligieron? ¿Alguien los obligará a ir por la calle con los tres trapitos que definen el traje de Naruto o la piel de la Princesa Mononoke? Creo que no, simplemente yo no lo haría y nada más.

La estigmatización de quienes deciden disfrazarse no tiene sentido. Es dañina y no soluciona nada. Me tocó estar en Animate hace unos días y apareció un grupo de chicos, los dos varones vestidos con ropa similar a la de un artista marcial. Según recuerdo (y creo) venían a representar a ciertos personajes de Street Fighter. Uno de ellos, aparentemente el que sabía de esto de tirar patadas, comenzó a explicarle a su amigo cómo era la toma por la cual se subía sobre su muslo y volteando sobre la espalda del que estaba debajo, le aplicaba un codazo mortal el medio de la mollera. Así se pasaron 2 horas y luego vino la pelea con una chica, simulando un combate que aglutinó no menos de 30 personas alrededor. Una cosa importante: ninguno de estos  chicos había pisado un tatami en su vida.

La muestra de artes marciales.
La muestra de artes marciales.

Yo soy guionista de comics… y me suelo preguntar, ¿qué seríamos sin los fans? ¿Qué valor presupuestario dentro del departamento de marketing de una empresa representaría el trabajo gratuito y desinteresado de estas legiones de fanáticos? ¿Y si algún día dejaran de “venerar” a sus series, películas, animé, comics, etc? ¿Y nosotros qué? Y acabo de recordar que yo mismo soy un fan, un gran fan de mis bandas favoritas, de los comics de Fantagraphics, de la animación, de series y películas, juguetes y hasta de la que para mí fue una de las grandes obras de la ciencia ficción como fue el caso de Dune.

Para estos chicos es lo normal. Es el enlace con sus temas, con su sexualidad, con el compartir su condición de fan en la búsqueda de una identidad en una adolescencia que se comenzó a hacer más duradera. Es como la frase que usé por años y que era parte de un cartel pegado en la puerta de acceso al cuarto de un fan de Spiderman: Tal vez me esté volviendo viejo pero me rehuso a crecer. Y así, vamos posponiendo responsabilidades y momentos con los que no nos queremos cruzar pero que a la larga llegan.

“Las empresas podrían replantearse productivamente sus relaciones con sus consumidores, basándose en principios de legitimidad y reciprocidad más que de legalidad.” Henry Jenkins, Fans, bloggers & videogames

El tema de los fans excede el hecho del disfraz. El fan art, así como el fan fiction terminan por derribar las barreras de la legalidad generando un mundo casi inabarcable de creatividad donde componentes tan humanos como la imaginación, el sexo (en tanto condición sexual y género), la posibilidad de adueñarse por unos momentos de la vida y el mundo de ese personaje, darlo vuelta y volver a armarle su historia. Una de las demostraciones de fan art que me han llamado poderosamente la atención es el caso de Geek Art, site francés dedicado a subir art hecho por fans, celebraciones y reversiones (y por qué no, remixes) de series, videojuegos, películas, comics, animé, manga y cualquier representación de la bendita cultura pop. No contento con ello, este proyecto terminó en un hermoso libro que acaban de presentar hace unas semanas y que aún no está disponible en Amazon USA.

Geek Art y su cuidada versión en papel.
Geek Art y su cuidada versión en papel.

Lo último, una muestra de las tantas que plantea Henry Jenkins en su Convergence Culture acerca de los fans en referencia específica al fan fiction o la escritura hecha por fans. Uno de los duelos más interesantes se dio justamente con Harry Potter, habitualmente contra chicos que no llegaban a los 12 años. Este es un brevísimo extracto.

“J. K.  Rowling y Scholastic, su editorial, habían declarado inicialmente su apoyo a los escritores fans, subrayando que la narración anima a los chicos a expandir su imaginacíón y les faculta para descubrir su voz de escritores. A través de su agente con sede en Londres, la Agencia Literaria Christopher Little, Rowling había hecho una declaración en 2003 describiendo la prolongada política de la autora de  acoger calurosamente  «el enorme interés que sus fans tienen en la serie y el hecho de que ello les haya llevado a probar a escribir».” Cuando Warner Bros. compró los derechos de la película en 2001, sin embargo, los relatos entraron en un segundo régimen de propiedad intelectual, no tan positivo.” EI estudio tenía una vieja práctica de buscar sitias web cuyos nombres de dominio empleaban frases registradas. Se aprobó una ley de marcas para evitar «posibles confusiones» sobre quién produce bienes o contenidos concretos; la Wamer se creía en la obligación legal de controlar los sitios web que surgieran alrededor de sus propiedades. EI estudio describía esto como un proceso de «clasificación», en el que se suspendía cada sitio hasta que el estudio pudiera evaluar lo que éste estaba haciendo con la franquicia de Harry Porter. Diane Nelsen, vicepresidenta senior de Wamer Bros. Family Entertainment, explicaba:

 Cuando excavamos bajo algunos de estos nombres de dominios, pudimos ver con claridad quién estaba creando una pantalla tras la cual explotaba ilegalmente nuestra propiedad. Con los fans no tardábamos muchoen ver que eran solamente fans y que estaban expresando algo vital sobre su relación con esta propiedad. […] Resulta odioso penalizar a un autêntico fan por las acciones de un falso fan, pero teníamos bastantes casos de personas que estaban explotandorealmente a los chicos en el nombre de Harry Potter. “

Brrr… los hermanos Quay.

Ellos dan más miedo que sus propias creaciones. Con cortos lúgubres y cuidados detalles, los hermanos Quay son una referencia ineludible en lo que al stop motion de refiere. Si no los conocías, acá te dejo solo una muestra pequeña de los mundos que crean y en los cuales no quisieras quedar encerrado…

The Tale of the Crippled Boy (John Frame).

Ese arte del que me enamoro tan seguido: el stop motion. Echale una miradita al arte de este corto. Clic a la magia.

More Moore.

No suele aparecer mucho pero cada vez que lo hace deja bien claro lo que piensa. Hace unos años compré un librito con una entrevista muy interesante en la que ya dejaba más que clara su postura sobre el mundo de los comics y la adaptación de sus obras a película. El libro del que hablo es Alan Moore’s Exit Interview de Bill Baker. Si podés conseguirlo, mejor. Mientras tanto, quiero dejarles dos videos, uno es una entrevista para el programa HardTalk y el otro, un Moore que sale a la calle a hablar con los manifestantes del movimiento Occupy que captaron gran parte de la atención de la prensa hace unos meses y que, como lo hiciera el grupo Anonymous, usan la máscara de Guy Fawkes, personaje principal de V for Vendetta.

The Mindscape of Alan Moore.

Este documental sobre Alan Moore es un acercamiento a todo lo que  guarda esa cabecita. Como guionista está entre los referentes extranjeros que me marcaron de alguna forma. Si no lo conoccés, es el autor de Watchmen, League of Extraordinary Gentlemen, Lost Girls y de la mejor época (al menos para mí) de Swamp Thing. Esta es la versión full a la que llegué por casualidad. Activale la translation a los captions y disfrutala que vale la pena.

#StopSOPA

Un punteo sobre Transmedia Storytelling.

Ya saben de mi debilidad por el trabajo académico de Henry Jenkins, así que les dejo una imagen muy vista y muy usada sobre los 7 conceptos principales de esta disciplina, por ponerle un nombre.